28 julio, 2005

Derechos del lector

¡Paf! Cierro un libro, en cualquier página, porque no logró atrapar mi interés o llenar mis expectativas. Otras obras las releo tantas veces que siento que las he escrito yo misma y las recomiendo a todo el mundo.

Precisamente es lo que me sucede con "Como una novela" del autor marroquí y profesor de literatura en Francia, Daniel Pennac. Redactada en una forma sencilla y contagiosa, y editada por primera vez en francés en 1992, y en castellano en 1993 por las Editoriales Norma y Anagrama, el alcance de "Como una novela" es universal. Leamos por qué.

En la edición española se apunta que "Esta obra se propone una tarea tan simple como necesaria en nuestros días: que el adolescente pierda el miedo a la lectura, que lea por placer, que se embarque en un libro como en una aventura personal y libremente elegida".

Por su parte Pennac dice que "En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura sino una tentativa de reconciliación con el libro". Es por ello que él expone lo que a mi parecer es la esencia del contenido de su texto, los "Derechos imprescriptibles del lector": 1. El derecho a no leer. 2. El derecho a saltarse páginas. 3. El derecho a no terminar un libro. 4. El derecho a releer. 5. El derecho a leer cualquier cosa. 6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual) 7. El derecho a leer en cualquier lugar. 8. El derecho a hojear. 9. El derecho a leer en voz alta. 10. El derecho a callarnos

No tengo más que agregar, por ahora. Así que me callo y busco un libro.

lil m. herrera c.

25 julio, 2005

Quedan las palabras

Frente a nuestros ojos se alargan en oraciones y párrafos. Pero en el cerebro como que se convierten en partículas centrífugas que danzan y brincan y se esconden en laberintos concéntricos, a la manera de chiquillos traviesos.

Esas voces de expresión...con ellas caminamos, nos caemos con ellas y seguimos nuestro andar. Hieren y enamoran, engañan, encantan, manipulan, emocionan, desgastan, alaban, contradicen y aclaran, insultan, torturan, confunden, exaltan. Las palabras escritas quedan; dicen que el papel aguanta...Nos lanzamos vocablos. A veces nos golpean como globos de plomo y otras los apañamos en el aire, porque se transforman en esferas de cristal como en el Monólogo Trigésimo Primero de Criaturas del Aire (1979) del filósofo y periodista español Fernando Savater:

"Desde siempre quise ser escritor y ahora sé con certeza que lo soy: mejor que algunos, peor que muchos, ni tan genial que la creación se me convierta en sofocante batalla con el Angel Universal, ni tan mediocre que la escritura no me produzca legítimos placeres. Eso es lo único que cuenta: los proyectos del niño se han satisfecho y me apresuro a ceder con irónica generosidad la fama póstuma que no espero a quien necesite esa esperanza para compensar su ausencia de éxito inmediato".

Las palabras nos permiten creernos creadores. Nos facilitan la "multiplicidad de seres'' que hay en cada uno de nosotros. Somos seres, eres, estás. Nos volvemos verbo para trascender. Y en ese intento nos parecemos, no nos parecemos y luego desaparecemos; mas quedan las palabras, siempre quedan.

lil m. herrera c.